Pudiera ser que el silencio es mi mejor palabra.
Pudiera ser que la estima siempre la tengo muy baja.
Pudiera ser que no me tengo por gusto salvo mis disgustos.
Pudiera ser que me cuesta mas llorar que reir.
Pudiera ser que me sea más facil hacer la vida más dulce.
Pudiera ser que en febrero haga más calor que en verano.
Pudiera ser que una bondad.
Pudiera ser una maldad.
Pudiera ser…
Lástima ser y no estar.
Estimados y escasos lectores. Lamento profundamente mi tan larga ausencia, injustificada en muchos aspectos pero comprensible en otros tantos.
He tenido la grata suerte de encontrar un trabajo, o como lo entiendo yo, han depositado una gran confianza en mí. Huelga decir que tengo muchísimo trabajo y que es éste el que me absorbe ese tiempo que podría compartir con vosotros.

Son casi 3 meses sin escribir nada y mucho menos algo decente. Poca opinión y mucho reproche por mi poca escritura. Sin embargo, si estuvierais haciendo cerca de 5 reclamaciones cada mañana, acudir al juzgado y atendiendo a los clientes, la llegada a casa se convierte en una panacea necesaria. Sin embargo, sarna con gusto no pica. Eso tenerlo por seguro.
Espero y deseo sacar algún hueco. Discúlpenme por esta ausencia.
Hubo un tiempo en el que este blog tuvo cierto… ¿cómo llamarlo? Reconocimiento. No piensen en prestigio porque ese concepto es algo desconocido para mí. Nunca fue este Blog, en sus múltiples nombres y formas, un blog que me convirtiera en una persona reconocida para el gran público o para los cuatro gatos que navegan en la red.
He de reconocer que, cuando escribo algo y tiene cierto reflejo en prensa o más allá de lo que uno espera, me hace ilusión. Me elevo un poco sobre el suelo, aunque luego soy yo mismo quien me lanzo contra el suelo (creo que es por ese carácter aragonés tan chusco que tenemos)

He salido como en 3 periódicos. Uno de cierta entidad, El Periódico de Aragón, y otros dos conocidos como el 20 minutos y el Que! en sus versiones aragonesas. En el primero de ellos habré salido una vez como blogger y un par más como cartas al director. Ese día tuve como 500 visitas al blog (aunque peor fue el día que puse lo de Gran Scala que tuve 2000). Ver que tu madre te llama a la Universidad porque hablan de un tal KoKy en una columna del periódico, no tiene precio y más siendo un tipejo de 21 años. Ahora ya creo haberlo perdido y desde luego no busco volverlo a tener por mucho que, por aquel entonces, me hiciera elevarme del suelo.
Pero como todo, yo he cambiado y mucho, y con mis cambios ha cambiado este blog. Ahora el trabajo y otras circunstancias hacen que el tiempo no sea el mismo para dedicarlo a este tipo de escritura. Mis intereses han cambiado y hasta mi humor parece haber desaparecido (me da miedo escribir estas palabras) Ahora es más importante intentar sacar una frase ingeniosa en Twitter, o poner tus mejores caras en Facebook o Google+.
Los tiempos cambian y nosotros con ellos.
He aquí un anuncio de un proceso que quiero emprender a modo personal. Voy a intentar apostatar. Digo bien, intentar.
El ejercicio de este derecho correspondiente a mi libertad ideológica y religiosa es mucho más difícil de ejercitar que cualquier otro derecho al uso. De ahí que uno intenta realizarlo, lo que no conlleva necesariamente haber satisfecho este derecho. Bien cierto es que los altos Tribunales de este país han venido considerando que los libros parroquiales no son un fichero, y por tanto, no es posible darse uno de baja. Ya me dirán si a ustedes no les suena esto a argucia jurídica con el fin de no inquietar a cierto sector ideológico preocupado por su pérdida de poder evidente.

Pero mi intención es reafirmar y ser consecuente, lo máximo posible, con mi ser y, sobretodo, con mi pensar. Si bien es cierto que nací en libertad, más cierto es que considero que a los tres meses de mi nacimiento mi capacidad de obrar era nula, y, por tanto, unirme a una Iglesia, como acto personalísimo que es, fue un acto no nacido de mi voluntad sino de una voluntad ajena a mí.
Quede claro que con este acto no pretendo defraudar esa voluntad ajena, puesto que considero que quizás las circunstancias sociales pesen más que los verdaderos pensamientos de la gente. Y tal pudiera ser el caso de muchos de nosotros, bautizados y llegados al convencimiento de que la siguiente generación decidirá libre en que quiere o no quiere creer, siempre que su educación le dé el suficiente criterio cómo para criticar el mundo que le rodea.
Aunque he de advertir que tuve una época, que podríamos llamar, religiosa. Aun recuerda mi familia una anécdota en la que señalé a una figura de un santo (ya se sabe que el catolicismo roza el politeísmo), y afirmé quién era aquel individuo. “Ese es San Roque”. Por lo visto, todo el mundo enmudeció pues parecía una muestra de sabiduría impropia de un niño de 8 años. La explicación era muy sencilla, de hecho casi fue un chiste, “tiene un perro y no tiene rabo”. Evidentemente todo el mundo me empezó a tomar el pelo, pero lo cierto es que había un perro y no tenía ningún rabo.
Aquellos tiempos volaron, mi crítica ha llegado hasta un punto tal que casi me reafirmo anticlerical. Siento que un estamento como la Iglesia habla más de lo que debiera y su lugar es el fuero interno de cada persona, no regular la vida de los demás. Esa época ya ha pasado, la sociedad ha empezado a despertar de ese sueño.
Y yo, que me considero un ser muy despierto, tengo a mi lado el escrito que voy a remitir a la diócesis correspondiente. No sé si creéis o no, podéis hacer lo que consideréis, pero si os digo que al menos sed consecuentes con vuestras ideas. La iglesia católica no es única ni universal, la razón la ha superado como elemento gobernador. Dios ha muerto o como diría cierto personaje “deidad de cuya existencia dudo”.
Si hay algo que no comparto de ciertos partidos es su condición de bisagra. De hecho, alguno de estos partidos bisagra han pasado tanto tiempo en dicho status, que su único y perverso principio es el de llegar a ser una bisagra de la gobernabilidad.
Habrá quienes hayan llegado al objeto de mis críticas: el PAR. Si existiera un ejemplo partido bisagra por excelencia, que conozco (y quizás más de lo que debiera) es el Partido Aragonés. Aunque podríamos discutir si realmente estamos ante un partido o ante un conglomerado de gentes que giran en torno a un líder algo carismático: José Ángel Biel.
Oregón televisión lo advirtió, José Ángel Biel (que tiene un apelativo no muy cariñoso en parte de mi familia) es un caso curioso. Prácticamente ha estado en todos los gobiernos de Aragón hasta el día de hoy. ¿Quiere eso decir algo? Diría que el poder atrae, pero mantenerlo aun atrae mucho más.

El PAR pudo haber sido un partido de los aragoneses pero se convirtió en un partido para el Gobierno de Aragón (con mayúsculas). Es evidente que si el fin de tus campañas es tener cierto número de escaños no es porque busques una victoria, sino porque buscas ser una herramienta.
Usar una herramienta a lo largo de 30 años la convierte en inservible, puede romperse o abandonarse. Quizás estas tres características son las que mejor definen a lo que se enfrenta este Partido. Inservible, puesto que los nuevos tiempos harán que esos viejos administrativos de taifas vayan cayendo conforme cae el Partido de los gobiernos. Están para gobernar pero no son Gobierno. La ruptura, aun por agrandarse comenzó en Teruel, gran bastión del PAR, donde Compromiso por Aragón hizo el suficiente daño como para ver las grietas del partido. Por no hablar de perder Zaragoza que es como perder medio Aragón.
Un Partido político ha de ser para los ciudadanos y para con su ideario. Es aquí donde el PAR ha olvidado y abandonado todos sus principios. Causa muy aparente es esa sensación de patriarcalidad y de soberano regio que tiene el Sr. Biel y que gusta tan poco a muchos. ¿Acaso el Sr. Biel, que ha destronado a grandes aragonesistas de mucha mayor talla política de él, se ha acordado de dejar buena herencia al Partido? El rey tiene corona pero no donde ponerla. Lo suyo sería destruirla y volver a la tierra.
Los Partidos han de ser fieles a sus principios y no rondar el poder, y mucho menos maniatar el poder para desvirtuar el propio contenido de un Partido. Yo hay muchos días que no comprendo a muchos de los partidos que hay en este país, y sobre todo, las bisagras.



